A todos nos contaron la historia de Adán y Eva. Vivian en un lugar perfecto, donde nada faltaba y donde se era feliz sin esfuerzo. Cada día agradecían al señor y hacía una alabanza “Aleluya, alabado sea Dios por este paraíso”.
Pero por desobedecer una ley nos expulsaron del paraíso, aunque debe ser mucho peor que eso, no nos expulsaron, sino que nos dejaron en el paraíso pero ciegos. Nos quitaron la capacidad de ver el paraíso en el que vivimos. Si uno pudiera abrir los ojos y ver, ver lo que nos rodea, los milagros cotidianos, la belleza, el milagro del amor, de la amistad.
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